martes 14 de julio de 2009

LA TRADICIÓN DE UNA TIERRA...

El toro no es un animal doméstico con el que se pueda jugar, sino un animal con voluntad propia, criado en su más firme independencia, tanto que solo se crían a los que demuestran ser bravos, osea, ser fieles a su instinto de supervivencia; esto hace del toro un animal fiero y duro que atacará a todo aquel ser viviente que lo moleste, por eso, los encierros de San Fermín no son un juego en el que la gente corre delante de animales mansos y miedosos, sino que es una fiesta que arranca de muy a tras y que versa sobre la temeridad del ser humano sobre el mundo, sobre la naturaleza, encarnada en los toros que durante una semana corren por las calles viejas de Pamplona. Dichos corredores son hombres y mujeres libres que libremente, han decidido dar su vida para experimentar lo que he expuesto más arriba, por eso, cuando me molesta que haya gente que se cuestione la fiesta cuando muere alguien... los que mueren lo hacen por voluntad propia, falleciendo en el lugar que adoran haciendo lo que les gusta, pero esto puede parecer algo absurdo dado la sociedad tan suave que estamos formando.

A los que nos gusta la fiesta de los toros, la fiesta de San Fermín nos trae al animal al que amamos porque presente a estos como lo que son, naturaleza viva por las calles de una ciudad del siglo XXI, y nos molestan mucho las críticas que hay cada vez que muere alguien en la fiesta, porque estoy seguro de que el o la corredor/a que haya tenido la mala suerte de morir en uno de los encierros, si pueda volver a la vida, defendería dicha fiesta hasta su muerte, nunca mejor dicho... otra cosa es intentar que las carreras sean lo más seguras posibles, cosa que me costa que el ayuntamiento de Pamplona lo está haciendo.

Así pues ¡Gora San Fermín!